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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO II. DESAFÍOS

destrozudiar su complacencia, sacudiéndolos de sus rutinas de pensamiento. ¿Y qué si era un fanfarrón? Para usar su propia frase, «daba resultado», surtía efectos. Y, además, su fanfarronería era algo hermoso de contemplar. Estremecía como el comienzo de una

Pasaron varios días durante los cuales leí los libros de Ernest, tomados en préstamo de mi padre. Su palabra escrita era como su palabra hablada, clara y convincente. Era su absoluta simplicidad la que convencía aun cuando uno seguía dudando. Tenía el don de la lucidez. Era el expositor perfecto.

Sin embargo, a pesar de su estilo, había mucho que no me gustaba. Insistía demasiado en lo que llamaba la lucha de clases, el antagonismo entre el trabajo y el capital, el conflicto de intereses.

Father reported with glee Dr. Hammerfield’s judgment of Ernest, which was to the effect that he was “an insolent young puppy, made bumptious by a little and very inadequate learning.” Also, Dr. Hammerfield declined to meet Ernest again.

Pero resultó que el obispo Morehouse se había interesado en Ernest, y estaba deseoso de tener otro encuentro.

«Un joven fuerte —dijo—, y muy vivaz, muy vivaz. Pero está demasiado seguro, demasiado seguro».

Ernest vino una tarde con papá. El obispo ya había llegado y estábamos tomando el té en la galería. La continuada presencia de Ernest en Berkeley, por cierto, se debía al hecho de que estaba tomando cursos especiales de biología en la universidad, y también a que trabajaba arduamente en un nuevo libro titulado «Filosofía y Revolución».16

La galería pareció volverse de repente pequeña cuando llegó Ernest. No es que fuera tan grande —medía apenas un metro setenta y cinco—, sino que parecía irradiar una atmósfera de inmensidad.

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