Pues al final lo convertimos. Su mente era fresca y flexible, y por naturaleza era muy ético. Varios meses después lo montamos, en uno de los caballos de su padre, sobre las montañas de Sonoma hasta el arroyo Petaluma y lo embarcamos en una pequeña lancha de pesca. Por etapas fáciles lo introdujimos de contrabando a lo largo de nuestro ferrocarril clandestino hasta el refugio de Carmel.
Allí permaneció ocho meses, al cabo de los cuales, por dos razones, le costó mucho dejarnos. Una razón era que se había enamorado de Anna Roylston, y la otra, que se había convertido en uno de los nuestros.
No fue hasta que se convenció de lo desesperado de su aventura amorosa cuando accedió a nuestros deseos y regresó con su padre. Ostensiblemente un oligarca hasta su muerte, en realidad era uno de nuestros agentes más valiosos.
Una y otra vez el Talón de Hierro se ha quedado perplejo ante el fracaso de sus planes y operaciones en nuestra contra. Si tan solo supiera la cantidad de sus propios miembros que son agentes nuestros, lo entendería.
El joven Wickson nunca vaciló en su lealtad a la Causa. En verdad, su propia muerte sobrevino a causa de su devoción al deber. En la gran tormenta de 1927, mientras asistía a una reunión de nuestros líderes, contrajo la neumonía de la que murió.110