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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO IV. ESCLAVOS DE LA MÁQUINA

Jackson. * Iba dirigida contra todo obrero que quedara lisiado en los molinos. Y si era contra cada hombre en los molinos, ¿por qué no contra cada hombre en todos los demás molinos y fábricas? De hecho, ¿no era cierto para todas

Y si esto era así, entonces la sociedad era una mentira. Retrocedí ante mis propias conclusiones. Era demasiado terrible y espantoso para ser verdad.

Pero ahí estaba Jackson, y el brazo de Jackson, y la sangre que manchaba mi vestido y goteaba de las vigas de mi propio techo. Y había muchos Jacksons —cientos de ellos solo en las fábricas, como el propio Jackson había dicho. De Jackson no podía escapar.

Vi al señor Wickson y al señor Pertonwaithe, los dos hombres que poseían la mayor parte de las acciones de los molinos Sierra. Pero no pude sacudirme de encima a estos como lo había hecho con los mecánicos a su servicio. Descubrí que poseían una ética superior a la del resto de la sociedad. Era lo que podría llamar la ética aristocrática o la ética del amo.32

Hablaban en términos grandilocuentes de las reglas de juego, y equiparaban tales reglas con la justicia. Y a mí me hablaban de manera paternal, condescendientes con mi juventud e inexperiencia. Eran los más incorregibles de todos cuantos había encontrado en mi búsqueda.

Creían firmemente que su conducta era recta. No cabía duda al respecto, ni discusión alguna. Estaban convencidos de que eran los salvadores de la sociedad, y de que eran ellos quienes creaban la felicidad para las masas. Y trazaban cuadros patéticos de cuáles serían los sufrimientos de la clase trabajadora de no ser por el empleo que ellos, y solo ellos, gracias a su sabiduría, le proporcionaban.

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