—¿Y si consiguen una mayoría, una mayoría aplastante, el día de las elecciones? —interrumpió el señor Wickson para preguntar—. ¿Y si nos negamos a entregarles el gobierno después de que lo hayan conquistado en las urnas?
—También eso lo hemos considerado —respondió Ernest—. Y os daremos una respuesta en términos de plomo. El poder lo habéis proclamado el rey de las palabras. Muy bien. El poder será. Y el día en que barramos hacia la victoria en las urnas, y os neguéis a entregarnos el gobierno que hemos capturado constitucional y pacíficamente, y preguntéis qué vamos a hacer al respecto; ese día, digo, os responderemos; y en rugido de proyectiles y metralla y en chirrido de ametralladoras será formulada nuestra respuesta.
“No podéis escapar de nosotros. Es verdad que habéis leído la historia correctamente. Es verdad que el trabajo ha estado en el fango desde el principio de la historia. Y es igualmente verdad que, mientras vosotros, los vuestros y los que os sigan tengáis el poder, ese trabajo permanecerá en el fango.
Estoy de acuerdo con vosotros. Estoy de acuerdo con todo lo que habéis dicho. El poder será el árbitro, como siempre ha sido el árbitro. Es una lucha de clases. Del mismo modo que vuestra clase arrastró a la antigua nobleza feudal, así será arrastrada vuestra clase por la mía, la clase trabajadora.
Si leéis vuestra biología y vuestra sociología con tanta claridad como leéis vuestra historia, veréis que este fin que he descrito es inevitable. No importa si es en un año, en diez o en mil: vuestra clase será derribada. Y se hará por medio del poder.
Nosotros, los ejércitos del trabajo, hemos estudiado esa palabra hasta que nuestras mentes vibran con ella. Poder. Es una palabra regia”.