Como agentes provusores, no solo pudimos viajar muchísimo, sino que nuestro propio trabajo nos puso en contacto con el proletariado y con nuestros camaradas, los revolucionarios.
Así estábamos en ambos campos al mismo tiempo, sirviendo ostensiblemente al Talón de Hierro y trabajando en secreto con todas nuestras fuerzas por la Causa.
Éramos muchos en los diversos servicios secretos de la Oligarquía y, a pesar de las sacudidas y reorganizaciones que los servicios secretos han sufrido, nunca han logrado erradicarnos a todos.
Ernest había planeado en gran parte la Primera Revuelta, y la fecha fijada había sido a principios de la primavera de 1918.
En el otoño de 1917 no estábamos preparados; quedaba mucho por hacer y, cuando se precipitó la Revuelta, por supuesto estaba condenada al fracaso.
La conspiración era por necesidad terriblemente intrincada, y cualquier cosa prematura seguro que la destruiría. Esto lo previno el Talón de Hierro y dispuso sus planes en consecuencia.
Habíamos planeado dar nuestro primer golpe en el sistema nervioso de la Oligarquía. Esta última se había acordado de la huelga general y se había protegido contra la defección de los telegrafistas instalando estaciones inalámbricas,