“«La lucha de clases, por lo tanto, se presenta en la etapa actual del desarrollo social entre la clase que paga salarios y la clase que los
Lo miré triunfante.
—Ahí no se menciona el odio de clase —respondió él con una sonrisa.
“Pero —contesté—, usted habla de ‘lucha de clases’”.
—Una cosa muy distinta al odio de clases —respondió—. Y, créame, nosotros no fomentamos ningún odio. Decimos que la lucha de clases es una ley del desarrollo social. No somos responsables de ella. No creamos la lucha de clases. Nos limitamos a explicarla, como Newton explicó la gravedad. Explicamos la naturaleza del conflicto de intereses que produce la lucha de clases.
—¡Pero no debería haber ningun conflicto de intereses! —exclamé.
—Le doy la más entera aprobación —respondió—. Eso es lo que los socialistas tratamos de conseguir: la abolición del conflicto de intereses. Discúlpeme. Permítame leerle un fragmento.
Tomó su libro y retrocedió varias páginas. «Página ciento veintiséis:
“El ciclo de luchas de clases que comenzó con la disolución del rudimentario comunismo tribal y el surgimiento de la propiedad privada terminará con la desaparición de la propiedad privada sobre los medios de existencia social”».
“Pero difiero de usted —interpuso el Obispo, cuyo rostro pálido y ascético delataba con un leve rubor la intensidad de sus sentimientos—. Su premisa es errónea. No existe tal cosa como un conflicto de intereses entre el trabajo y el capital; o, más bien, no debería existir”.