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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO XII. EL OBISPO

Fue después de mi matrimonio cuando por casualidad me encontré con el obispo Morehouse. Pero debo relatar los acontecimientos en su debido orden.

Tras su exabrupto en la Convención de la I. P. H., el obispo, siendo un alma apacible, había cedido a la amistosa presión ejercida sobre él y se habíamarchado de vacaciones.

Pero regresó más firme que nunca en su determinación de predicar el mensaje de la Iglesia. Para consternación de su congregación, su primer sermón fue muy parecido al discurso que había pronunciado ante la Convención.

De nuevo afirmó, de manera extensa y con detalles angustiosos, que la Iglesia se había alejado de las enseñanzas del Maestro y que Mamón había sido instalado en el lugar de Cristo.

Y el resultado fue, quiéralo o no, que se lo llevaron a un sanatorio privado para enfermos mentales, mientras en los periódicos aparecían relatos patéticos de su crisis nerviosa y de la santidad de su carácter.

Lo tenían prisionero en el sanatorio. Fui en repetidas ocasiones, pero se me negó la entrada; y me impresionó terriblemente la tragedia de un hombre cuerdo, normal y santo, aplastado por la voluntad brutal de la sociedad.

Porque el obispo era cuerdo, puro y noble. Como decía Ernest, todo lo que le pasaba era que tenía nociones incorrectas de biología y sociología, y debido a sus nociones incorrectas no había abordado el asunto de la manera correcta para rectificar las cosas.

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