japonesa que surgió. Japón dominó el Oriente y se adueñó de toda la porción asiática del mercado mundial, con la excepción
Inglaterra logró aplastar su propia revolución proletaria y retener la India, aunque quedó al borde del agotamiento. Asimismo, se vio obligada a dejar que sus grandes colonias se le escaparan de las manos.
Así fue como los socialistas lograron convertir a Australia y Nueva Zelanda en comunidades cooperativas. Y fue por la misma razón que Canadá se perdió para la metrópoli. Pero Canadá aplastó su propia revolución socialista, ayudada en esto por el Talón de Hierro.
Al mismo tiempo, el Talón de Hierro ayudó a México y a Cuba a sofocar revueltas. El resultado fue que el Talón de Hierro quedó firmemente establecido en el Nuevo Mundo. Había fundido en una masa política compacta a toda América del Norte, desde el canal de Panamá hasta el océano Ártico.
Y Inglaterra, a costa del sacrificio de sus grandes colonias, solo había logrado conservar la India. Pero esto no era más que algo temporal. La lucha con Japón y el resto de Asia por la India simplemente se había aplazado. Inglaterra estaba destinada a perder la India en poco tiempo, mientras que tras ese acontecimiento se vislumbraba la lucha entre una Asia unida y el mundo.
Y mientras el mundo entero se desgarraba en conflictos, nosotros, en los Estados Unidos, no éramos apacibles ni pacíficos. La defección de los grandes sindicatos había impedido nuestra revuelta proletaria, pero la violencia reinaba por doquier. Además de los conflictos laborales, del descontento de los agricultores y de lo que quedaba de la clase media, un avivamiento religioso había estallado con furor. Una rama derivada de los Adventistas del Séptimo Día cobró repentina prominencia, proclamando el fin del mundo.