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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO X. EL VÓRTEX

declaraban en huelga aquí, allá y acullá; y donde no estaban en huelga, eran despedidos por los capitalistas.73 Los periódicos estaban llenos de relatos de violencia y sangre. Y en medio de todo ello, las Centurias Negras desempeñaron su papel. Los disturbios, el incendio premeditado y la destrucción gratuita de la propiedad eran su cometido, y lo cumplieron a la perfección. Todo el ejército regular se encontraba en campaña, llamado allí por las acciones de las Centurias Negras. Todas las ciudades y pueblos parecían campamentos armados, y los trabajadores eran abatidos a tiros como a perros. Del vasto ejército de desempleados se reclutaba a los esquiroles; y cuando los esquiroles eran vencidos por los sindicatos, las tropas aparecían siempre para aplastar a los sindicatos. Luego estaba la milicia. Por entonces, no era necesario recurrir a la ley de la milicia secreta. Solo estaba desplegada la milicia regularmente organizada, y lo estaba en todas partes. Y en esta época de terror, el gobierno aumentó el ejército regular en cien mil hombres más.

Jamás había recibido el trabajo una paliza tan rotunda. Los grandes capitanes de la industria, los oligarcas, habían arrojado por primera vez todo su peso en la brecha que las luchadoras asociaciones de empleadores habían abierto. Estas asociaciones eran prácticamente asuntos de clase media y ahora, obligadas por los tiempos difíciles y el desplome de los mercados, y ayudadas por los grandes capitanes de la industria, propinaron al trabajo organizado una derrota terrible y decisiva. Era una alianza todopoderosa, pero era una alianza del león y el cordero, como la clase media no tardaría en aprender.

El trabajo era sangriento y taciturno, pero estaba aplastado. Sin embargo, su derrota no puso fin a los tiempos difíciles. Los bancos, que constituían en sí mismos una de las fuerzas más importantes de la

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