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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO XIX. TRANSFORMACIÓN

Jamás se unió a los revolucionarios. Envenenado por su destino, dándole vueltas a sus agravios, se convirtió en anarquista; no en un anarquista filosófico, sino en una mera bestia, enloquecida por el odio y el anhelo de venganza. Y bien que se vengó. Eludiendo a los guardias, de noche y mientras todos dormían, hizo volar en pedazos el palacio de Pertonwaithe. Ni un alma se salvó, ni siquiera los guardias. Y en la cárcel, mientras esperaba el juicio, se asfixió bajo sus propias mantas.

El Dr. Hammerfield y el Dr. Ballingford corrieron una suerte muy distinta a la de Jackson. Han sido fieles a su sueldo, y han sido correspondientemente recompensados con palacios eclesiásticos donde moran en paz con el mundo. Ambos son apologistas de la Oligarquía. Ambos han engordado muchísimo.

«El Dr. Hammerfield —como dijo una vez Ernest— ha logrado modificar su metafísica de modo que da la bendición de Dios al Talón de Hierro, e incluye también una gran devoción por la belleza y reduce a un fantasma invisible al vertebrado gaseoso descrito por Haeckel; la diferencia entre el Dr. Hammerfield y el Dr. Ballingford estriba en que este último ha hecho al Dios de los oligarcas un poco más gaseoso y un poco menos vertebrado».

Peter Donnelly, el capataz de esquiroles de las Sierra Mills con quien me topé mientras investigaba el caso de Jackson, fue una sorpresa para todos nosotros. En 1918 estuve presente en una reunión de los Rojos de ’Frisco. De todos nuestros Grupos de Combate este era el más formidable, feroz y despiadado. En realidad no formaba parte de nuestra organización. Sus miembros eran fanáticos, lunáticos. No osábamos alentar tal espíritu. Por otra parte, aunque no nos pertenecían, manteníamos relaciones amistosas con ellos.

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