CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Iron HeelPublic
Página 231 de 372
Table of Contents

CAPÍTULO XVII. LA LIBREA ESCARLATA

Hierro planeó y perpetró dicha tropelía con el propósito de endilgarnos la culpa y

Del Presidente de la Cámara se filtró la advertencia a todas las criaturas de la Casa que vestían la librea escarlata. Sabían, mientras Ernest estaba hablando, que se iba a cometer algún acto violento. Y, para hacerles justicia, creían sinceramente que el acto iba a ser cometido por los socialistas.

En el juicio, y todavía con sincera creencia, varios declararon haber visto a Ernest prepararse para arrojar la bomba, y que esta estalló prematuramente. Por supuesto, no vieron nada de eso. En la febril imaginación del miedo creyeron ver, eso fue todo.

Como dijo Ernest en el juicio:

“¿Es lógico pensar que, si fuera a lanzar una bomba, elegiría arrojar un petardo tan débil e insignificante como el que lanzaron? No tenía suficiente pólvora. Hizo mucho humo, pero no hirió a nadie excepto a mí. Estalló justo a mis pies y, sin embargo, no me mató. Créanme, cuando me ponga a lanzar bombas, causaré daños. Habrá algo más que humo en mis petardos”.

A cambio, la fiscalía argumentó que la debilidad de la bomba había sido un error por parte de los socialistas, al igual que su explosión prematura, causada por el hecho de que Ernest había perdido los nervios y la había dejado caer, también había sido un error. Y para rematar el argumento, estaban los varios congresistas que testificaron haber visto a Ernest tambalearse y dejar caer la bomba.

En cuanto a nosotros, ninguno de nosotros supo cómo se lanzó la bomba. Ernest me dijo que la fracción de instante antes de que explotara tanto la oyó como la vio golpear a sus pies. Declaró esto en el juicio, pero nadie le creyó.

231