En aquellos primeros días, los agentes del Talón de Hierro eran torpes en sus métodos.
Tenían mucho que aprender y, entretanto, nuestros Grupos de Combate los fueron diezmando.
Fue una labor amarga y sangrienta, pero luchábamos por la vida y por la Revolución, y teníamos que combatir al enemigo con sus propias armas. Aun así, fuimos justos. Ningún agente del Talón de Hierro fue ejecutado sin un juicio. Puede que hayamos cometido errores, pero si fue así, muy en raras ocasiones.
Los más valientes, combativos y abnegados de nuestros camaradas entraron en los Grupos de Combate. Una vez, transcurridos diez años, Ernest hizo un cálculo a partir de las cifras facilitadas por los jefes de los Grupos de Combate, y su conclusión fue que la vida media de un hombre o una mujer tras hacerse miembro era de cinco años. Los