distracción, y la turba escapaba a través de la brecha resultante abierta en la red que los rodeaba.
Garthwaite y yo fuimos testigos de un ejemplo de esto poco después de reunirnos con el joven oficial. A la turba de la que habíamos formado parte, y que había sido puesta en retirada, se le impidió escapar hacia el sur y el este mediante fuertes contingentes de tropas. Las tropas con las había topado nuestro grupo la habían retenido por el oeste. La única salida era el norte, y hacia el norte marchó, rumbo al lago, acosada desde el este, el oeste y el sur por fuego de ametralladoras y armas automáticas.
Si adivinó que la estaban conduciendo hacia el lago, o si no fue más que un retorcimiento ciego del monstruo, no lo sé; pero, en cualquier caso, la turba tomó una calle transversal hacia el oeste, dobló por la siguiente y volvió sobre sus pasos, dirigiéndose al sur hacia el gran gueto.
Garthwaite y yo en aquel momento intentábamos avanzar hacia el oeste para salir del territorio de lucha callejera, y volvimos a quedar atrapados de lleno en ella. Al llegar a la esquina vimos a la turba vociferante abalanzarse sobre nosotros.
Garthwaite me cogió del brazo y estábamos a punto de echar a correr, cuando me tiró hacia atrás para sacarme de delante de las ruedas de media docena de automóviles de combate, equipados con ametralladoras, que se precipitaban hacia el lugar. Detrás de ellos venían los soldados con sus rifles automáticos.
Para cuando tomaron posiciones, la turba se les había venido encima, y parecía que iban a ser arrollados antes de poder entrar en acción.
Aquí y allá algún soldado disparaba su fusil, pero este fuego disperso no lograba contener a la turba. Seguía avanzando, bramando con furia bestial. Parecía que las ametralladoras no lograban ponerse en marcha. Los automóviles en los que iban montadas bloqueaban la calle,