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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO XXV. LOS TERRORISTAS

No fue hasta que Ernest y yo estuvimos de vuelta en Nueva York, y después de que hubieran transcurrido semanas, cuando pudimos comprender por completo la magnitud del desastre que se había abatir sobre la Causa.

La situación era cruel y sangrienta. En muchos lugares, dispersos por el país, se habían producido revueltas de esclavos y masacres. La lista de mártires aumentó enormemente. Innumerables ejecuciones tuvieron lugar por todas partes. Las montañas y las regiones desérticas se llenaron de forajidos y refugiados que eran perseguidos sin piedad.

Nuestros propios refugios estaban abarrotados de camaradas sobre cuyas cabezas pesaban recompensas. A través de la información proporcionada por sus espías, decenas de nuestros refugios fueron asaltados por los soldados del Talón de Hierro.

Muchos de los camaradas estaban descorazonados y respondieron con tácticas terroristas. El revés sufrido en sus esperanzas los sumió en la desesperanza y la desesperación. Surgieron muchas organizaciones terroristas no afiliadas a nosotros que nos causaron muchos problemas.123 Estas personas descarriadas sacrificaron sus propias vidas sin ton ni son, muy a menudo frustraron nuestros propios planes y retrasaron a nuestra organización.

Y a través de todo ello se movía el Talón de Hierro, impasible y deliberado, sacudiendo todo el tejido de la estructura social en su búsqueda de los camaradas, peinando a los Mercenarios, a las castas laborales y a todos sus servicios secretos, castigando sin piedad y sin

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