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nydus/The Iron HeelPublic
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CAPÍTULO XVIII. A LA SOMBRA DE SONOMA

niño en toda la tierra dejaría de estar registrado y controlado en sus movimientos.

Cuando llegó el momento oportuno, se despistó a los espías que me seguían. Una hora más tarde, Avis Everhard dejó de existir. Por entonces, una tal Felice Van Verdighan, acompañada de dos doncellas y unqo faldico, con otra doncella para el faldico,95 entró en un salón de un vagón Pullman96 y, pocos minutos después, marchaba a toda velocidad hacia el oeste.

Las tres sirvientas que me acompañaban eran revolucionarias. Dos eran miembros de los Grupos de Combate, y la tercera, Grace Holbrook, ingresó en un grupo al año siguiente y, seis meses después, fue ejecutada por el Talón de Hierro. Ella fue quien atendía al perro. De las otras dos, Bertha Stole desapareció doce años más tarde, mientras que Anna Roylston aún vive y desempeña un papel cada vez más importante en la Revolución.

Sin aventura cruzamos los Estados Unidos hasta California. Cuando el tren se detuvo en la estación de Sixteenth Street, en Oakland, bajamos, y allí Felice Van Verdighan, con sus dos sirvientas, su perrito faldero y la sirvienta de su perrito faldero, desapareció para siempre. Las sirvientas, guiadas por fieles camaradas, se alejaron. Otros camaradas se hicieron cargo de mí.

En menos de media hora después de dejar el tren estaba a bordo de un pequeño barco de pesca y mar adentro en la bahía de San Francisco. Los vientos eran contrarios y fuimos a la deriva sin rumbo durante la mayor parte de la noche. Pero vi las luces de Alcatraz donde Ernest yacía, y encontré consuelo en la idea de la cercanía a él.

Al amanecer, entre el remo de los pescadores, llegamos a las islas Marín. Aquí nos quedamos escondidos todo el día, y la noche siguiente, impulsados por una marea creciente y un viento fresco, cruzamos la bahía de San Pablo en dos horas y remontamos el arroyo Petaluma.

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