Y desde aquel día de profecía, han transcurrido los tres siglos del Talón de Hierro y los cuatro siglos de la Hermandad del Hombre, y hoy hollamos los caminos y habitamos en las ciudades que los oligarcas construyeron. Es verdad, aun hoy estamos construyendo ciudades maravillosas todavía más asombrosas, pero las ciudades maravillosas de los oligarcas perduran, y escribo estas líneas en Ardis, una de las más maravillosas de todas ellas.
Todos los sindicatos ferroviarios entraron en esta combinación con los oligarcas, y es interesante señalar que la primera aplicación definitiva de la política de lucro desmedido la realizó un sindicato ferroviario en el siglo XIX d. C., a saber, la Hermandad de Maquinistas de Locomotoras (Brotherhood of Locomotive Engineers). P. M. Arthur fue durante veinte años Gran Jefe de la Hermandad. Después de la huelga en el Ferrocarril de Pensilvania en 1877, planteó un plan para que los Maquinistas de Locomotoras llegaran a un acuerdo con los ferrocarriles e "actuasen por su cuenta" en lo que respecta al resto de los sindicatos obreros. Este plan tuvo un éxito eminente. Fue tan exitoso como egoísta, y a partir de él se acuñó la palabra «arthurización» (arthurization), para denotar el reparto de botín por parte de los sindicatos. Esta palabra «arthurización» ha desconcertado durante mucho tiempo a los etimólogos, pero su derivación, espero, ahora haya quedado clara.