Avis Everhard habría tenido que vivir durante muchas generaciones antes de haber podido ver el esclarecimiento de este misterio en particular. Poco menos de cien años atrás, y un poco más de seiscientos años después de su muerte, la confesión de Pervaise fue descubierta en los archivos secretos del Vaticano. Tal vez sea bueno contar algo acerca de este oscuro documento, el cual, en lo fundamental, es de interés solo para el historiador. Pervaise era un estadounidense, de ascendencia francesa, que en 1913 d. C. se encontraba en la prisión de los Tombs, en la ciudad de Nueva York, a la espera de un juicio por asesinato. De su confesión aprendemos que no era un criminal. Era de sangre caliente, apasionado, emotivo. En un arrebato demencial de celos mató a su mujer—un acto muy común en aquellos tiempos. Pervaise estaba dominado por el miedo a la muerte, todo lo cual es relatado largamente en su confesión. Para escapar de la muerte habría hecho cualquier cosa, y los agentes de policía lo prepararon asegurándole que le era absolutamente imposible escapar a una condena por asesinato en primer grado cuando se celebrara su juicio. En aquellos días, el asesinato en primer grado era un delito capital.
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