Los obreros eran llamados al trabajo y despedidos por silbatos de vapor salvajes, estridentes y enloquecedores.
La función del abogado corporativo era servir, mediante métodos corruptos, a las propensiones rapaces de las corporaciones. Consta en los registros que Theodore Roosevelt, en ese entonces presidente de los Estados Unidos, dijo en el año 1905 d. C., en su discurso en la graduación de Harvard: “Todos sabemos que, tal como están las cosas en la realidad, muchos de los miembros del Colegio de Abogados más influyentes y mejor remunerados en cada centro de riqueza, hacen de su tarea especial elaborar planes audaces e ingeniosos mediante los cuales sus acaudalados clientes, individuales o corporativos, pueden evadir las leyes que fueron hechas para regular, en interés del público, los usos de las grandes riquezas.”