La desaparición era uno de los horrores de la época. Como motivo, en la canción y en el relato, surge constantemente. Era un concomitante inevitable de la guerra subterránea que se libró a lo largo de esos tres siglos. Este fenómeno era casi tan común en la clase oligarca y las castas laborales como lo era en las filas de los revolucionarios. Sin previo aviso, sin dejar rastro, hombres y mujeres, e incluso niños, desaparecían y no volvían a ser vistos, quedando su fin envuelto en el misterio.
Du Bois, el actual bibliotecario de Ardis, es descendiente directo de esta pareja revolucionaria.
Además de las castas laborales, surgió otra casta, la militar. Se creó un ejército permanente de soldados profesionales, con oficiales miembros de la Oligarquía y conocido como los Mercenarios. Esta institución ocupó el lugar de la milicia, que había demostrado ser impracticable bajo el nuevo régimen. Fuera del servicio secreto regular del Talón de Hierro, se estableció además un servicio secreto de los Mercenarios, constituyendo este último un nexo de unión entre la policía y el ejército.