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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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VIII. El Profesor Explica

en ella es inherente la introducción de lagunas, las cuales son esenciales para la diferenciación». Le repliqué con bastante desdén: «Todo eso lo sacaste de Pinckwerts; la idea de que la involución operaba eugenésicamente fue expuesta hace mucho tiempo por

Huelga decir que nunca existieron personas tales como los Pinckwerts y los Glumpe.

Pero la gente de alrededor (para sorpresa mía, más bien) parecía recordarlos muy bien, y el profesor, al descubrir que el método erudito y misterioso lo dejaba a merced de un enemigo algo carente de escrúpulos, recurrió a una forma de ingenio más popular.

—Ya veo —se burló—, triunfas como el cerdo falso en Esopo.

—Y tú fracasas —repliqué, sonriendo—, como el erizo en Montaigne.

¿Hace falta que diga que no hay ningún erizo en Montaigne?

—Tu palabrería surte efecto —dijo—; lo mismo que tu barba.

No tuve una respuesta inteligente para esto, lo cual era muy cierto y bastante ingenioso. Pero me reí de buena gana, respondí: «Como las botas del panteísta», al azar, y di media vuelta con todos los honores de la victoria.

Al verdadero profesor lo echaron, aunque no con violencia, a pesar de que un hombre intentó con mucha paciencia arrancarle la nariz. Ahora, creo, es recibido en todas partes de Europa como un impostor encantador. Su aparente seriedad y enojo, ya ves, lo hacen aún más entretenido.

—Bueno —dijo Syme—, puedo entender que te pusieras su vieja y sucia barba para una broma de una noche, pero no entiendo que no te la hayas vuelto a quitar.

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