CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
Página 203 de 241
Table of Contents

XIII. La persecución del presidente

tercero justo a tiempo para perseguir al fugitivo Syme, quien iba persiguindo al fugitivo Presidente. Sunday les dio una frenética persecución hacia el noroeste; su cochero, evidentemente bajo la influencia de incentivos más que comunes, instaba al caballo a una velocidad vertiginosa. Pero Syme no estaba para sutilezas, y se puso de pie en su propio carruaje gritando: «¡Al ladrón!», hasta que las multitud corrió junto a su carruaje y los policías comenzaron a detenerse y a hacer preguntas. Todo esto tuvo su efecto en el cochero del Presidente, quien empezó a dudar y a reducir la marcha hasta el trote. Abrió la trampilla para hablar razonablemente con su pasajero y, al hacerlo, dejó que el largo látigo cayera hacia la parte delantera del carruaje. Sunday se inclinó hacia adelante, lo agarró y se lo arrancó violentamente de la mano al hombre. Luego, poniéndose de pie en la parte delantera del carruaje, fustigó al caballo y rugió con fuerza, de modo que avanzaron por las calles como una tormenta voladora. Calle tras calle y plaza tras plaza iba dando tumbos este vehículo absurdo, en el que el pasajero arreaba al caballo y el conductor intentaba desesperadamente detenerlo. Los otros tres carruajes lo seguían (si es que cabe la expresión para un carruaje) como sabuesos jadeantes. Tiendas y calles pasaban veloces como flechas chasqueantes.

En el colmo del éxtasis de la velocidad, Sunday se dio la vuelta sobre el salpicadero donde iba de pie, y sacando su enorme cabeza sonriente fuera de la cabina, con los cabellos blancos silbando al viento, le hizo una mueca horrible a sus perseguidores, como un pilluelo colosal. Luego, alzando la mano derecha con rapidez, arrojó una bola de papel a la cara de Syme y desapareció. Syme atrapó el objeto mientras se defendía por instinto, y descubrió que constaba de dos papeles arrugados.

203