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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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El duelo

tía.

—¡Esto es un absurdo! —dijo el segundo caballero—. Al menos yo no he dicho nada en media hora, excepto que me gustaba cómo cantaba esa muchacha de pelo negro.

—¡Vaya, ahí estás otra vez! —dijo Syme indignado—. El de mi tía era rojo.

—Me parece —dijo el otro— que simplemente estás buscando un pretexto para insultar al Marqués.

—¡Válgame Dios! —dijo Syme, dándose la vuelta y mirándolo—, ¡qué tipo tan listo eres!

El marqués se levantó de un salto con los ojos centelleantes como los de un tigre.

—¡Busca pleito conmigo! —exclamó—. ¡Busca pelea conmigo! ¡Por Dios! jamás ha habido un hombre que tuviera que buscar mucho. Estos caballeros actuarán tal vez por mí. Aún quedan cuatro horas de luz solar. Peleemos esta tarde.

Syme hizo una reverencia con una elegancia verdaderamente hermosa.

—Marqués —dijo—, vuestra acción es digna de vuestra fama y de vuestra sangre. Permitidme que consulte un momento con los caballeros en cuyas manos voy a ponerme.

En tres zancadas largas volvió con sus compañeros, y ellos, que habían presenciado su agresión inspirada por el champaña y escuchado sus explicaciones idióticas, se quedaron muy desconcertados al ver su aspecto. Pues ahora que regresaba junto a ellos estaba completamente sobrio, un poco pálido, y hablaba en voz baja con una apasionada sensatez.

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