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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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IV. El cuento de un detective

corriente va a las tabernas a arrestar ladrones; nosotros vamos a meriendas con té artísticas a detectar pesimistas. El detective corriente descubre por un libro de contabilidad o un diario que se ha cometido un crimen. Nosotros descubrimos por un libro de sonetos que se cometerá un crimen. Tenemos que rastrear el origen de esos pensamientos espantosos que al fin empujan a los hombres al fanatismo intelectual y al crimen intelectual. Por poco no llegamos a tiempo para evitar el asesinato en Hartlepool, y eso se debió enteramente a que nuestro señor Wilks (un joven listo) entendía a la perfección un trío.

—¿Quiere decir —preguntó Syme— que hay realmente tanta conexión entre el crimen y el intelecto moderno como todo eso?

—No es usted suficientemente democrático —respondió el policía—, pero tenía razón cuando decía hace un momento que nuestro trato habitual hacia el pobre criminal es un asunto bastante brutal. Le aseguro que a veces me da asco mi oficio cuando veo que perpetuamente no significa más que una guerra contra los ignorantes y los desesperados. Pero este nuevo movimiento nuestro es un asunto muy diferente. Rechazamos la presuntuosa suposición inglesa de que los incultos son los criminales peligrosos. Recordamos a los emperadores romanos. Recordamos a los grandes príncipes envenenadores del Renacimiento. Decimos que el criminal peligroso es el criminal educado. Decimos que el criminal más peligroso hoy en día es el filósofo moderno completamente anárquico. En comparación con él, los ladrones y los bigamos son hombres esencialmente morales; se me encoge el corazón por ellos. Aceptan el ideal esencial del hombre; simplemente lo buscan de manera equivocada. * Los ladrones respetan la propiedad. Tan solo desean que la propiedad se convierta en su propiedad para poder respetarla más perfectamente. Pero los filósofos aborrecen la propiedad como tal; desean destruir la idea misma de la posesión

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