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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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XIII. La persecución del presidente

al animal hacia una velocidad furiosa con algún objeto afilado que llevaba en la mano.

—¡Detenedlo! —gritó la plebe—. ¡Se va a escapar por la puerta!

—¡Detened un derrumbe! —dijo el guardián—. ¡Ha salido por la puerta!

Y aun mientras hablaba, un estruendo final y un rugido de terror anunciaron que el gran elefante gris había derribado las puertas del Jardín Zoológico y avanzaba a toda carrera por Albany Street como una nueva y veloz especie de ómnibus.

—¡Gran Señor! —exclamó Bull—, nunca habría creído que un elefante pudiera ir tan rápido. Bueno, tendrá que ser otra vez en hansom-cabs si queremos no perderlo de vista.

Mientras corrían hacia la puerta por la que el elefante había desaparecido, Syme percibió un panorama deslumbrante de los extraños animales en las jaulas por las que pasaban.

Después le pareció curioso haberlos visto con tanta claridad.

Recordaba especialmente haber visto pelicanos, con sus gargantas ridículas y colgantes. Se preguntó por qué el pelicano era el símbolo de la caridad, a no ser porque hacía falta una buena dosis de caridad para admirar a un pelicano.

Recordaba un cálao, que no era más que un enorme pico amarillo con un pequeño pájaro atado por detrás.

Todo aquello le produjo la sensación, cuya intensidad no lograba explicar, de que la Naturaleza siempre estaba gastando bromas de lo más misteriosas. Sunday les había dicho que le comprenderían cuando hubieran comprendido las estrellas. Se preguntó si acaso los arcángeles comprenderían al cálao.

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