—¿Y qué supone usted que somos nosotros? —preguntó el Profesor, y echó los brazos hacia arriba.
—Ustedes —dijo el Secretario con rigidez— son, como me consta de buena tinta, miembros del Consejo Supremo Anarquista. Disfrazado como uno de ustedes, yo—
El Dr. Bull arrojó su espada al mar.
—Nunca ha existido ningún Consejo Supremo Anarquista —dijo—. Éramos solo un montón de policías tontos mirándonos los unos a los otros. Y toda esta buena gente que nos ha estado acribillando a perdigones creía que éramos los dinamiteros. Sabía que no podía equivocarme con respecto a la turba —dijo, radiante ante la inmensa multitud que se extendía a lo lejos por ambos lados—. La gente vulgar nunca está loca. Yo mismo soy vulgar y lo sé. Ahora voy a bajar a tierra a invitar a una copa a todo el mundo.