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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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IV. El cuento de un detective

El cuento de un detective

Gabriel Syme no era meramente un detective que fingía ser poeta; era en realidad un poeta que se había vuelto detective.

Tampoco era hipócrita su odio hacia la anarquía. Era uno de esos hombres a quienes la desconcertante insensatez de la mayoría de los revolucionarios empuja desde muy jóvenes hacia una actitud demasiado conservadora. No había llegado a ella a través de ninguna tradición dócil. Su respetabilidad era espontánea y repentina, una rebelión contra la rebelión.

Provenía de una familia de excéntricos, en la cual los más ancianos sostenían las ideas más novedosas. Uno de sus tíos siempre andaba sin sombrero, y otro había intentado infructuosamente andar con un sombrero y nada más. Su padre cultivaba el arte y la autorrealización; su madre se inclinaba por la simplicidad y la higiene.

De ahí que el niño, durante sus tiernos años, desconociera por completo cualquier bebida situada entre los extremos de la absenta y el cacao, por ambos de los cuales sentía una sana aversión. Cuanto más predicaba su madre una abstinencia más que puritana, más se explayaba su padre en una latitud más que pagana; y para cuando la primera había llegado a imponer el vegetarianismo, el segundo había alcanzado casi el punto de defender el canibalismo.

Rodeado desde la infancia por toda clase imaginable de revuelta, Gabriel tuvo que rebelarse contra algo, así que se rebeló contra lo único que le quedaba: la cordura. Pero había en él la sangre de aquellos fanáticos en

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