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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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IV. El cuento de un detective

sombrero, se vistió con un exquisito traje de verano de un tono azul grisáceo claro, con una flor amarillo pálido en el ojal y, en resumen, se convirtió en ese sujeto elegante y bastante insoportable con el que Gregory se había topado por primera vez en el jardincito de Saffron Park. Antes de que abandonara definitivamente las dependencias policiales, su amigo le facilitó una pequeña tarjeta azul en la que estaba escrito «La última cruzada», junto con un número, el signo de su autoridad oficial. Se la guardó con cuidado en el bolsillo superior del chaleco, encendió un cigarrillo y salió a rastrear y combatir al enemigo en todos los salones de Londres. A dónde lo condujo en última instancia su aventura ya lo hemos visto. Alrededor de la una y media de una noche de febrero, se hallaba navegando a vapor en un pequeño remolcador por el silencioso Támesis, armado con un estoque-bastón y un revólver, el debidamente elegido Jueves del Consejo Central de Anarquistas.

Cuando Syme dio un paso hacia el remolcador, experimentó la singular sensación de estar adentrándose en algo totalmente nuevo; no solo en el paisaje de una nueva tierra, sino incluso en el paisaje de un nuevo planeta.

Esto se debía principalmente a la insensata pero firme decisión de aquella tarde, aunque en parte también a un cambio radical en el tiempo y en el cielo desde que había entrado en la pequeña taberna unas dos horas antes.

Todo rastro del apasionado plumaje de la puesta de sol nublada había sido barrido, y una luna desnuda se alzaba en un cielo desnudo.

La luna era tan intensa y llena que (por una paradoja que se observa con frecuencia) parecía un sol más débil. No transmitía la sensación de un claro brillo de luna, sino más bien la de una luz del día ya muerta.

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