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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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III. El hombre que fue jueves

—Creo que es hora de empezar —dijo—; el remolcador ya está esperando en el río. Propongo que el camarada Botones ocupe la presidencia.

Aprobado esto a mano alzada, el hombrecillo de los papeles se deslizó en el asiento presidencial.

“Camaradas”, comenzó, tan seco como un pistolazo, “nuestra reunión de esta noche es importante, aunque no tiene por qué ser larga.

Esta sección siempre ha tenido el honor de elegir a los jueves para el Consejo de la Europa Central. Hemos elegido muchos y espléndidos jueves. Todos lamentamos la triste defunción del heroico trabajador que ocupó el puesto hasta la semana pasada. Como sabéis, sus servicios a la causa fueron considerables. Él organizó el gran golpe de dinamita de Brighton que, en circunstancias más felices, debería haber matado a todo el mundo en el muelle.

Como sabéis también, su muerte fue tan abnegada como su vida, pues murió debido a su fe en una mezcla higiénica de tiza y agua como sustituto de la leche, bebida que consideraba bárbara y que implicaba crueldad hacia la vaca. La crueldad, o cualquier cosa que se le acercara, le repugnaba siempre.

Pero no nos hemos reunido para aclamar sus virtudes, sino para una tarea más difícil. Es difícil alabar debidamente sus cualidades, pero es más difícil reemplazarlas. Os incumbe a vosotros, camaradas, elegir esta noche de entre la compañía presente al hombre que será el Jueves.

Si algún camarada sugiere un nombre, lo someteré a votación. Si ningún camarada sugiere un nombre, solo podré decirme a mí mismo que ese querido dinamitero, que se ha ido de entre nosotros, se ha llevado a los abismos incognoscibles el último secreto de su virtud y de su inocencia”.

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