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nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
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XI. Los criminales persiguen a la policía

Los criminales persiguen a la policía

Syme se apartó los prismáticos de los ojos con un alivio casi cadavérico.

—El presidente no está con ellos, de todos modos —dijo, y se secó la frente.

—Pero sin duda están justo en el horizonte —dijo el desconcertado coronel, parpadeando y medio recuperado apenas de la apresurada aunque cortés explicación de Bull—. ¿Podría usted acaso reconocer a su presidente entre toda esa gente?

—¡Cómo iba a reconocer un elefante blanco entre toda esa gente! —contestó Syme con cierta irritación—. Como usted muy bien dice, están en el horizonte; pero si él caminara con ellos... ¡por Dios! creo que este suelo temblaría.

Tras una pausa de un instante, el hombre nuevo llamado Ratcliffe dijo con sombría decisión:

—Por supuesto que el presidente no está con ellos. Ojalá por Dios que lo estuviera. Es mucho más probable que el presidente vaya desfilando triunfalmente por París, o sentado sobre las ruinas de la catedral de San Pablo.

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