CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Man Who Was ThursdayPublic
Página 131 de 241
Table of Contents

IX. El hombre de las gafas

especialmente en el departamento anti-dinamiteros. Pero para eso necesitaban a alguien que se disfrazara de dinamitero; y todos juraban por todos los santos que jamás podría parecer un dinamitero. Decían que hasta mi forma de andar era respetable, y que visto por detrás parecía la Constitución británica. Decían que tenía un aspecto demasiado sano y demasiado optimista, y demasiado fiable y benmevolo; en Scotland Yard me llamaron de todo. Decían que si hubiera sido un criminal, habría hecho fortuna pareciendo un hombre honrado; pero como tenía la desgracia de ser un hombre honrado, no había ni la más remota posibilidad de que les ayudara pareciendo alguna vez un criminal.

Pero al fin me llevaron ante un viejo carcamal de alta graduación en el cuerpo, que parecía tener la cabeza muy bien amueblada. Y allí los demás hablaron sin esperanza.

Uno preguntó si una poblada barba ocultaría mi agradable sonrisa; otro dijo que si me embadurnaban la cara de negro podría parecer un anarquista negro; pero este viejo intervino con un comentario de lo más extraordinario.

«Un par de gafas ahumadas bastarán —dijo con rotundidad—. Mírenlo ahora; parece un chico de recados angélico. Pónganle unas gafas ahumadas, y los niños gritarán al ver su efigie».

¡Y así fue, caramba! Una vez que me cubrieron los ojos, todo lo demás, la sonrisa, los hombros anchos y el pelo corto, me hacían parecer un auténtico diablillo. Como digo, una vez hecho era bien sencillo, como los milagros; pero esa no era la parte verdaderamente milagrosa. Hubo un detalle verdaderamente pasmoso en el asunto, y todavía me da vueltas la cabeza al pensar en ello.

—¿Qué fue eso? —preguntó Syme.

131