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nydus/Captains CourageousPublic
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IV. The First Half

«No se puede saber de ningún modo con certeza».

—El rey de todos los Jonases —guiñó Tom Platt—. Oh, Salters, Salters, ¿por qué no te habrás quedado en la cama durmiendo?

—¿Cómo iba a saberlo? —dijo el pobre Salters mientras la goleta se inclinaba hacia arriba.

Bien pudo haber sido el mismo Holandés Errante, tan sucia, maltrecha y desaliñada lucía cada soga y cada madero a bordo. Su alcázar de estilo antiguo tenía metro y medio o dos de alto, y su arboladura ondeaba nudosa y enmarañada como las algas al extremo de un muelle. Navegaba con el viento en popa —guinando espantosamente—, con la mesana arriada para actuar a modo de vela de proa adicional —«escandalosa», la llaman— y la botavara de proa sujeta con retenida por la borda. Su bauprés se alzaba erecto como el de una fragata a la antigua; su botalón de foque había sido reparado, empalmado, clavado y abrazado más allá de toda posible compostura; y mientras se impulsaba hacia adelante y se sentaba sobre su ancha popa, parecía ni más ni menos que una vieja malcarada, desaliñada y de mal vivir, mofándose de una muchacha decente.

—Ese es Abishai —dijo Salters—. Hasta arriba de ginebra, con hombres de Judique, y los juicios de la Providencia acechándole y sin pillarle nunca del todo. Ha entrado a avituallar, rumbo a Miquelon.

—La va a volcar —dijo Long Jack—. Eso no sirve para este tiempo.

—Él no, si lo habría hecho hace mucho —respondió Disko—. Parece como si tuviera la intención de pasarnos por encima. ¿No está la proa más hundida de lo normal, Tom Platt?

—Si esa es su forma de cargarla, no es segura —dijo el marinero lentamente—. Si ha escupido su estopa, más le vale acudir a sus bombas a toda marcha.

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