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nydus/Captains CourageousPublic
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VII

menú de bordes dorados. Y ese mismo muchacho —no, su hermano mucho mayor— estaba en pie a las cuatro de un alba nebulosa con unos impermeables chorreantes y crujientes, martillando, literalmente por salvar el pellejo, una campana más pequeña que la del desayuno del camarero, ¡mientras muy cerca de allí una proa de acero de treinta pies avanzaba a toda marcha a veinte millas por hora! El pensamiento más amargo de todo era que había gente durmiendo en camarotes secos y tapizados que jamás se enterarían de que habían massacrado un barco antes de desayunar. Así que Harvey tocó la campana.

“Sí, le bajan la velocidad a esa maldita hélice por una vuelta —dijo Dan, aplicándose al caracol de Manuel—, pa’ mantenerse dentro de la ley, ¡y eso consuela cuando estemos todos en el fondo! ¡Escúchala! ¡Es una bestia!”

—¡Aooo-whoo-whupp! —hizo la sirena—. ¡Wingle-tingle-tink! —hizo la campana—. ¡Graaa-ouch! —hizo la caracola, mientras el mar y el cielo se embarraban por completo en una niebla lechosa. Entonces Harvey sintió que estaba cerca de un cuerpo en movimiento, y se encontró mirando hacia arriba y más arriba el

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