Los latidos de los We’re Here se respondían unos a otros.
—Supongo que es el joven Olley —dijo la voz con desgana.
Penn levantó las manos y dijo algo en alemán. Harvey habría jurado que un sol brillante resplandecía sobre su rostro levantado; pero el tono pausado continuó:
«¡Diga-a-se! Ustédes nos jugaron una broma pesada la otra noche».
—No tenemos ganas de gastar bromas ahora —dijo Disko.
“Lo sé; pero a decir verdad estábamos como medio... medio a la deriva cuando tropezamos con el joven Olley”.
Era la incontenible Carrie Pitman, y un estallido de risas vacilantes se elevó desde la cubierta del We’re Here.
—¿No seríe casi mejor que mandárais al viejo a bordo? Vamos a por más cebo y aparejos. Supongo que no le querréis para nada, de todas formas, y este maldito trabajo del chigre nos deja cortos de personal. Nosotros nos