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nydus/Captains CourageousPublic
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VI

oscura, los gritos de «¡Calamares al agua!» de Salters los despertaron de sus literas, y durante hora y media todos los a bordo se inclinaron sobre sus poteras⁠—un trozo de plomo pintado de rojo y provisto en su extremo inferior de un círculo de alfileres doblados hacia atrás como varillas de paraguas semiapiertas. El calamar⁠—por alguna razón desconocida⁠—se siente atraído por este artefacto, se enrosca en él y es izado antes de que pueda escapar de los alfileres. Pero al abandonar su hogar, rocía primero agua y luego tinta en la cara de su captor; y era curioso ver a los hombres mover la cabeza de lado a lado para esquivar el disparo. Terminado el revuelo, estaban negros como carboneros, pero una pila de calamares frescos yacía en cubierta, y al gran bacalao le parece excelente un trocito brillante de tentáculo de calamar en la punta de un anzuelo cebado con almeja. Al día siguiente pescaron muchos peces y se cruzaron con el Carrie Pitman, al que gritaron su buena suerte; este quiso comerciar⁠—siete bacalaos por un calamar de buen tamaño⁠—, pero Disko no aceptó el precio, y el Carrie cayó malhumorado a sotavento y fondeó a media milla de distancia, con la esperanza de pescar algunos por su cuenta.

Disco no dijo nada hasta después de cenar, cuando mandó a Dan y a Manuel a colocar una boya en el cable del We’re Here y anunció su intención de irse a dormir con el hacha ancha. Dan repitió naturalmente estos comentarios a la dory del Carrie, que quería saber por qué ponían boya en su cable, ya que no estaban en fondo rocoso.

—¡Papá dice que no confiaría un transbordador a menos de cinco millas de ti! —aulló Dan alegremente.

—¿Pues por qué no sale, entonces? ¿Quién se lo impide? —dijo el otro.

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