en el cable y duermes todo el día —dijo Long Jack—. Eres la cumbre de la insolencia, y estoy convencido de que corromperás a nuestro sobrescargo en una semana.
—Se llama Harvey —dijo Dan, agitando dos cuchillos de formas extrañas—, y pronto valdrá por cinco de cualquier marisquero de South Boston.
Colocó los cuchillos con gusto sobre la mesa, inclinó la cabeza hacia un lado y admiró el efecto.
—Creo que son cuarenta y dos —dijo una vocecita desde la borda, y estalló una carcajada cuando otra voz respondió—: ¡Pues entonces la suerte me ha sonreído por una vez, ’caze soy de cuarenta y cinco, aunque esté desfigurado del todo!
“Cuarenta y dos o cuarenta y cinco. He perdido la cuenta”, dijo la vocecita.
—Es Penn y