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nydus/Captains CourageousPublic
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VI

Lo que más le llamaba la atención era la manera sumamente displicente en que ciertas embarcaciones vagaban por el ancho Atlántico.

  • Los barcos de pesca, como decía Dan, dependían naturalmente de la cortesía y la prudencia de sus vecinos; pero uno esperaba otra cosa de los vapores.

Eso fue después de otra interesante entrevista, cuando los había perseguido durante tres millas un viejo y pesado mercante de ganado, todo entablillado en la cubierta superior, que olía como a mil corrales. Un oficial muy alterado les gritó a través de un altavoz, y el barco se quedó flotando y bamboleándose penosamente en el agua mientras Disko ponía el We’re Here a sotavento y le cantaba las cuarenta al patrón.

«¿Dónde se supone que están, eh? No se merecen estar en ninguna parte. ¡Ustedes, vagabundos de corral, van acaparando el camino en alta mar sin la menor consideración por sus vecinos, y con los ojos metidos en las tazas de café en vez de tenerlos en la cabeza, bola de tontos!».

A esto, el patrón dio saltos en el puente de mando y dijo algo acerca de los propios ojos de Disko.

—No hemos tenido una observación en tres días. ¿Se supone que vamos a pilotarlo a ciegas? —gritó.

—Vaya, pues yo sí —replicó Disko—. ¿Qué le pasa a tu plomada? ¿La has tragado? ¿Es que no hueles el fondo, o es que esas reses apestan demasiado?

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