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nydus/Captains CourageousPublic
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III

puesto en Tom Platt.

–Muy bueno. Muy bueno, don –dijo Manuel–. Después de cenar te enseñaré una pequeña goleta que estoy haciendo, con todos sus cabos. Así aprenderemos.

—De primera clase pa’ ser un pasajero —dijo Dan—. Mi papá recién acaba de admitir que a lo mejor vas a valer la pena antes de que te ahogues. Eso es un montón pa’ mi papá. Te enseñaré más en nuestra próxima guardia juntos.

«¡Más alto!», gruñó Disko, oteando a través de la niebla mientras esta humeaba sobre la proa. No se veía absolutamente nada a diez pies más allá del agitado botalón del foque, mientras que a lo largo desfilaba la interminable procesión de olas solemnes y pálidas, susurrándose y rozándose las unas a las otras.

“Ahora voy a enseñarte algo que Long Jack no puede”, gritó Tom Platt, mientras de un cofre junto a la popa sacaba una abollada sonda de mar vaciada en un extremo, untaba el hueco con un platillo lleno de sebo de oveja y se iba hacia proa. “Voy a enseñarte a volar la Paloma Azul. ¡Chitón!”.

Disko hizo algo en el timón que detuvo la marcha de la goleta, mientras Manuel, con la ayuda de Harvey (y bien orgulloso que estaba el muchacho), arriaba el foque en un montón sobre la botavara. La sonda entonaba un canto sordo y zumbador mientras Tom Platt la hacía girar una y otra vez.

—Sigue, hombre —dijo Long Jack con impaciencia—. No estamos navegando a veinticinco pies de Fire Island con niebla. No tiene ningún misterio.

“No tengas celos, Galway.” El plomo liberado cayó pesadamente al mar muy por delante

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