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nydus/Captains CourageousPublic
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V

Disko le enseñó el significado de la carta náutica ajada y pinchada, la cual, según decía, superaba a cualquier publicación gubernamental habida y por haber; lo condujo, lápiz en mano, de banco en banco por toda la cadena de ellos —Le Have, Western, Banquereau, San Pedro, Verde y Grand— mientras le hablaba de «bacalao». Le enseñó también el principio con el que funcionaba el «yugo de cerdo».

En esto Harvey superaba a Dan, pues había heredado una gran facilidad para los números, y la idea de robar información con un solo vistazo al hosco sol del Banco atraía toda su aguda inteligencia.

Para otras cuestiones marineras, su edad lo ponía en desventaja. Como decía Disko, debería haber empezado a los diez años.

Dan sabía cebar el palangre o poner la mano en cualquier cabo en la oscuridad; y en un apuro, cuando el tío Salters tenía una llaga de vísceras en la palma, podía limpiar el pescado guiándose por el tacto.

Sabía timonear con cualquier condición que no fuera poco menos que medio vendaval, guiándose por la sensación del viento en el rostro, mimando al We’re Here justo cuando este lo necesitaba.

Estas cosas las hacía con tanta naturalidad como cuando brincaba por el aparejo o convertía su chalupa en una prolongación de su propia voluntad y de su cuerpo. Pero no podía transmitir sus conocimientos a Harvey.

Aun así, andaba por la goleta una buena cantidad de información general en los días de tormenta, cuando se acurrucaban en el castillo de proa o se sentaban en los cofres de la cabina, mientras cáncamos de repuesto, sondas y argollas rodaban y repiqueteaban en las pausas de la charla.

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