nuestra sal está mojada y el anca ha levado ya! ¡Caza, oh, caza la mayor, que volvemos a Yanquilandia! Con quince cientos quintales, Y quince cientos quintales, ’Cientos magníficos quintales, Entre el viejo Qereau y el Gran Banco.”
Las últimas cartas lanzadas a cubierta envueltas en trozos de carbón, y los hombres de Gloucester gritaron recados a sus esposas, a sus mujeres y a los armadores, mientras el We’re Here terminaba el paseo musical entre la Flota, con sus foques temblando como la mano de un hombre cuando la levanta para decir adiós.
Harvey muy pronto descubrió que la We’re Here, con su vela de capa, paseándose de fondeadero en fondeadero, y la We’re Here rumbo al oeste sudoeste a todo trapo, eran dos barcos muy diferentes. Había un mordisco y una sacudida en la rueda incluso con tiempo de «niños»; podía sentir el peso muerto de la bodega lanzado con fuerza sobre las olas, y el hilo continuo de burbujas en la borda le mareaba la vista.