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Sol de verano

Grande es el sol, y va sin fin Por el cielo vacío y sin confín; Y en los días de azul fulgor Llueve sus rayos con mayor ardor.

Aunque cerremos más los visillos para mantener fresco el umbrío salón, él siempre hallará una rendija o dos por donde deslizar sus dedos de oro.

El polvoriento ático, lleno de arañas, Él, por la cerradura, lo alegra; Y a través del borde roto de las tejas Sonríe hacia el pajar escalonado.

Mientras su faz de oro descubre A todo el suelo del jardín, Y arroja una cálida y brillante mirada Entre el rincón más hondo de la hiedra.

Sobre las colinas, junto al azul, Surcando el aire brillante con paso fiel, Para complacer al niño, para pintar la rosa, El jardinero del mundo, él marcha.

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