Junto a un pozo de agua brillante hallé un pequeño valle, No más alto que mi cabeza.
El brezo y el toxo alrededor En flor de verano estaban saliendo, Unos amarillos y otros rojos.
Llamé mar a un charquito; Los cerros grandes se veían; Porque soy muy chiquito.
Hice un barco, hice un pueblo, Y exploré cada cueva y rincón, Poniéndoles nombre a todos ellos.
Y todo en rededor era mío, dije,
- Los gorriones revoloteando por las alturas,
- Los pequeños piscardos también.
Este era el mundo, y yo era rey;
Para mí venían las abejas a cantar, Para mí volaban las golondrinas.
Jugué a que no había mares más hondos, ni llanuras más anchas que estas, ni otros reyes que yo.
Por fin oí a mi madre llamar desde la casa al caer la tarde, para llamarme a tomar el té.
Y debo alzarme e irme de mi cañada, y dejar mi fuente de agua con hoyuelos, y dejar mis brezos en flor.
¡Ay! y al acercarme a mi hogar, ¡qué gigante parecía mi niñera, qué grandes y frescas las habitaciones!