No digáis de mí que con debilidad rehuí las fatigas de mis mayores, y huí del mar, las torres que fundamos y las lámparas que encendimos, para jugar en casa con papeles como un niño.
Sino decid más bien: “En la tarde de los tiempos una estirpe esforzada se sacudió de las manos la arena del granito, y al ver a lo lejos, a lo largo de la costa resonante, sus pirámides y altos monumentos capturar el sol moribundo, sonrió muy satisfecha, y a esta tarea infantil junto al fuego consagró sus horas vespertinas”.