Extraños son los caminos de los hombres, ¡Y extraños los caminos de Dios! Recorremos los laberínticos senderos Que todos nuestros padres hollaron.
Las hollamos sin temor, Y sin temor miramos Los portentos del cielo, Las cosas de antaño.
Las ígneas estrellas siguen Su curso en lo alto del cielo;
Y en torno a la ciudad sitiada, Claman los héroes de crestas airosas.
Héroes de crestas al viento claman; Y pífanos marciales declaran Cuán pequeño, para mentes mortales, Es el mero cuidado mortal.
Y al clangor del acero Y al grito de aguda flauta Sobre los picos azules Un Dios plantará su planta:
Un Dios en armas se alzará,
Y viendo a lo ancho y lejos La verde y dorada tierra, La marea mortífera de la guerra,
Él, con el brazo alzado,
¡Proclamará a los cielos El gozoso destino del hombre, El noble camino a la fama!