Y sin embargo, cual ahora, a través de sus claros ojos busco el santuario interior—
Me inclino a leer su virgen corazón
En la duda de si es mío—
O mirando así larga y fervientemente, ¿qué visión he de ver? Ninguna visión, sino mi propia cara blanca que me sonríe e imita.
IV
Otra vez en el viejo asiento bajo el mismo sol brillante, las sombras de los olmos al pie y el follaje se mueven juntos.
Las sombras se mueven sobre la hierba, la aguja del reloj avanza; el sol claro brilla, los holgazanes pasan, como entonces pasaron y brillaron.
Pero ahora un sueño profundo pesa sobre mi corazón, Un sueño profundo y perfecto reposo. Los aleteos de la esperanza ya no perturban La quietud de mi pecho.