Más allá del mar hay una isla donde, al acabar el día, un bosque de palmeras agitadas se recorta contra el sol.
Y en torno a la orilla de arrecifes las azules rompientes destellan y caen. Allí habré de ir, según creo, cuando haya acabado con todo.
¿No tengo entonces castillo en España, ni isla en la mente, adonde pueda volver e ir de nuevo cuando la vida resulte esquiva?
¡Arriba, alma perezosa! ¡Y lejos de aquí busca nuestro bosque de montaña; o hacia una isla encantada, navega por el arroyo anhelado.