No temo confesar mi parentesco con los alegres terrones donde brotan las flores de primavera; ni con mis hermanos, los grandes árboles, que hablan con voz amable en la brisa, parlanchines ruidosos con los vientos que pasan; ni con mi hermana, la hierba profunda.
De tales soy, de tales mi cuerpo es, Que vibra al acercar los labios a besar. Que da y recibe con viento, sol y lluvia, Y siente un agudo placer que roza el dolor.
De tales son estos,
La hermandad de robustos árboles, La humilde familia de las flores, Que hacen una luz de los umbríos cenadores O estrellan los márgenes del brezal:
Se dan y reciben dulce color y dulce aroma;
- Se alegran de prodigarse por doquier;
- Y árbol y flor y hierba y césped
Se estremecen y saltan y viven y cantan Con voces silenciosas en la Primavera.
Por eso no temo rendir el aliento, Ya que todo sigue inalterado por la muerte; Ya que en algún valle ameno podré estar, Terrón junto a terrón, o árbol junto a árbol, Muchos siglos después, con quien amo en esta hora; Y sentir una viva alegría al compartir Con ella el sol, la lluvia y el aire, A Saborear su apacible vecindad Como las mudas cosas del campo y del