Cuando enfermo en cama me quedaba, dos almohadas en la cabeza me ponía, y todos mis juguetes a mi lado yacían para mantenerme feliz todo el día.
Y a veces por una hora más o menos contemplaba mis plomizos soldados marchar,
- Con distintos uniformes y ejercicios,
- Entre la ropa de cama, a través de las colinas;
Y a veces enviaba mis flotas en desfile arriba y abajo entre las sábanas; o sacaba mis árboles y mis casas, y plantaba ciudades por todas partes.
Yo era el gigante grande y quedo que se sienta sobre el monte de almohadas, y ve ante sí, valle y llanura, la hermosa tierra de la colcha.