Ahora Antonino, en risueña edad, cuenta de su existencia el quinceavo ciclo ya. Los días cumplidos y los años seguros contempla, ni teme las aguas de la muerte que a las rodillas le ascienden.
Para él, ni un solo día es triste al recordarlo, ni uno solo cuyo recuerdo no le alegre. Así los hombres buenos alargan la vida; y evocar el pasado es haberlo disfrutado dos veces por igual.