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Los pinos disputadores

El primer pino al segundo dijo:

«Negras mis hojas, rojas mis ramas; me alzo en mi páramo, fiel y aguerrido, un pino añejo, y jamás vencido».

El segundo resopló y respondió: «Bah, soy tan buen pino como tú».

—Árbol descortés —respondió el primero—, la tempestad en mis ramas había llorado, el cazador durmió en mi sombra, cien años antes de que tú fueras creado.

El segundo sonrió al replicar:

«Estaré aquí cuando te quemen».

Hasta aquí la discordia unía a la pareja, y el ceño adusto el uno al otro reflejja, cuando, revoloteando junto a la orilla, un vuelo de aviones la vista les brilla. Un rato su rumbo observaron; y entonces, volvieron a dormirse de nuevo los bronces.

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