Con graznidos y chirridos, los bosques
En este tibio sol se regocijan. El salmo no parece sino la pequeña iglesia
Que canta con su propia voz.
Los jirones de nube comparten su luz ámbar Con la superficie del lago— Creo que hasta las piedras mismas se alegran De sentirse cerca unas de otras.
Una vez más mi pleno pecho salta y rebosa de alegría; los dedos del sol y la sombra tocan pausas musicales en mí.
Ahora la fantasía pinta aquel día pretérito
En que estabas aquí, hermosa mía—
Todo el lago resonaba con rápidos patines
En el aire invernal sin viento.
Te inclinaste hacia mí, me incliné hacia ti,
Nuestro rumbo fue suave como el vuelo—
Timoneamos—un roce de talón a la izquierda,
Un roce de talón a la derecha.
Nos abrimos paso entre hombres voladores, Tu mano se aferraba a la mía: Vimos la multitud movediza abrirse, Brillar la extensión de hielo liso.